Ethan Frome, Las hermanas Bunner, de Edith Wharton

En este nuevo volumen que acaba de publicar Alianza se nos ofrecen dos de las novelas breves más interesantes y valoradas de la escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1937), dos verdaderas joyas que merece la pena disfrutar, o incluso releer, en la magnífica traducción que nos brinda José Luis López Muñoz. Localizadas repectivamente en el medio rural americano y en un barrio pobre de Nueva York, Ethan Frome (1911) y Las hermanas Bunner (1892) se alejan del habitual escenario de clase alta que tan perfectamente conocía la novelista, y que retrató satíricamente en novelas tan famosas como La casa de la alegría o La edad de la inocencia. Aunque distanciadas casi veinte años en la carrera literaria de Wharton, estas dos nouvelles tienen como elemento común el desarrollo de un atormentado y trágico triángulo amoroso. Cuando el amor logra prender, inoportuno, en un medio inhóspito, la devastación parece estar asegurada.

Ethan Frome se desarrolla en el claustrofóbico ambiente de un pequeño pueblo de montaña, Starkfield, donde el frío y la nieve son el contrapunto simbólico de un matrimonio agostado. El núcleo de la historia está narrado en tercera persona, pero encuadrado hábilmente en el relato de un testigo anónimo que se informa de los hechos años después. Ethan es un hombre indeciso y de poco carácter, hijo de una madre enfermiza que perdió la razón antes de morir. Su matrimonio con Zeena, una prima que se instaló en la granja familiar para atender a la madre en su enfermedad final, fue un grave error, una decisión equivocada fruto de su debilidad y de un exagerado sentido del deber. Algunos errores se pagan caro. Seis años después, Zeena se ha transformado en una mujer dura y amargada, una enferma crónica que reencarna todo lo negativo de la figura materna y hace profundamente desgraciado a Ethan, que apenas consigue sacar de su pobre granja lo preciso para vivir y sufragar los gastos médicos que le depara su esposa. Con este desdichado matrimonio convive una joven de veinte años, Mattie, una pariente de Zeena a la que una repentina orfandad ha dejado en la miseria. Es una muchacha también débil, incapaz de valerse por sí misma, pero que representa, por su carácter alegre y afectuoso, la contrafigura de Zeena. En este medio tan hostil, Ethan y Mattie se atraerán inevitablemente, configurándose un triángulo amoroso que tendrá fatales consecuencias. El obsesivo ambiente de temerosa culpabilidad que respiran los dos enamorados —cuando ni tan siquiera han hecho explícito su sentimiento— está magistralmente trazado por la novelista, y es uno de los mayores aciertos en este relato cruel y ferozmente pesimista.

En Las hermanas Bunner la acción se traslada a Nueva York. La modesta mercería de las hermanas Bunner se levanta en un barrio marginal, en la zona fronteriza a partir de la cual «la pobreza se transforma en miseria». También en esta novela se desarrolla un triángulo amoroso, propiciado por la aparición en escena del relojero Ramy, un personaje de maneras corteses pero fondo dudoso, que revoluciona el pequeño y aislado mundo de las dos solteronas. Una vez más, el amor vuelve a brotar en un lugar donde se daba por descontado que ya no aparecería; pero lo que ahora se ve amenazado no es una relación dañina y sin futuro, sino la tranquila convivencia con que dos hermanas han logrado sobrellevar pasablemente su mediocre y solitaria existencia. La ternura con que la novelista traza la figura de estas dos hermanas —sobre todo la de Ann Eliza, siempre dispuesta a sacrificarse por su hermana menor, Evelina— viene reforzada por la introducción de algunas gotas de humor (como las que nos brinda la imaginativa señorita Mellins) que suavizan la dureza de la historia. Aunque la resolución del conflicto no es tan espeluznante como en Ethan Frome, en Las hermanas Bunner se manifiestan personajes y móviles mucho más indignos, y el injusto devenir de la principal protagonista —con su inútil sacrificio, con su bondadosa generosidad— nos dejará un amargo sabor de boca.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«De camino dejó un paquete en la tintorería y, después de cumplir con aquel encargo, se dirigió a la tienda del señor Ramy. Nunca se había sentido tan vieja, tan desesperada y tan humilde. Era consciente de que se había embarcado en una misión de amor por cuenta e Evelina y aquel convencimiento parecía robarle hasta la última gota de sangre joven que corría por sus venas. También le arrebató toda su descolorida timidez virginal; y con rápida y enérgica compostura giró el pomo de la puerta del relojero.» (traducción de José Luis López Muñoz)
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