Relato de mi vida, de Thomas Mann

Este nuevo volumen que acaba de publicar Hermida Editores recoge dos textos de capital importancia en torno a la figura de Thomas Mann (1875-1955). Relato de mi vida (1930), escrito por el propio autor al filo de sus 55 años, se complementa con otra biografía compuesta por su hija Erika veinticinco años después, El último año de mi padre (1956). Se cierra el libro con un ensayo del traductor, Andrés Sánchez Pascual, que traza un panorama general de la vida y obra del autor, completando los dos escritos anteriores. Hermida nos ofrece, pues, un conjunto de tres textos de carácter y alcance muy diferentes, pero que se complementan a la perfección, mostrándonos —mediante algo parecido a un juego de espejos— una imagen contrastada de la compleja personalidad del escritor alemán.

Cuando a comienzos de 1930 Thomas Mann escribe su autobiografía, Relato de mi vida, cuenta ya con una edad avanzada, pero todavía le queda por delante una larga carrera literaria, preñada de triunfos, y un agitado exilio por Europa y América, apartado de la Alemania nazi. Relato de mi vida es, pues, un balance provisional, una mirada retrospectiva propiciada probablemente por la concesión del Premio Nobel (1929). El texto, como era de esperar, está centrado en la literatura: su temprana colaboración con la revista Simplicissimus, las influencias de Nietzsche y Schopenhauer, el éxito de su primera gran novela —Los Buddenbrook—, que le abrió las puertas de los salones y tertulias muniquesas de la alta burguesía… No faltan en Relato de mi vida valiosas apreciaciones de sus principales obras (Tonio Kröger, Alteza Real, La muerte en Venecia, La montaña mágica, Mario y el mago, etc.), así como interesantes pormenores relativos a su recepción del Premio Nobel. La autobiografía aparece, además, salpicada de curiosas anécdotas, como la referida al arriesgado envío postal a Fischer de la única copia existente de Los Buddenbrook, o la particular manera que tenía el autor de «pasar a limpio» sus originales. Aunque, como ya hemos dicho, el texto está volcado en lo literario, no faltan las confesiones personales y familiares precisas para tejer una biografía: estampas de su infancia en el Báltico, su escaso entusiasmo por la escuela, los años de despreocupada juventud en Munich, su efímero año de trabajo en una compañía de seguros, su matrimonio con Katia Pringsheim, el dramático suicidio de su hermana Carla… Se trasluce en estas páginas autobiográficas una cualidad que confirmarán los siguientes textos: el admirable temple humano del escritor.

El último año de mi padre (1956), escrito por Erika Mann (1905-1969), es el relato de una hija muy cercana a su progenitor, al que acompaña cumpliendo funciones similares a las de una «secretaria de confianza». A través de la fervorosa mirada de Erika, se nos revela la figura de un escritor octogenario y de salud quebrantada, pero que no da un paso atrás en la asunción de las durísimas exigencias que conlleva su estatus de personalidad literaria de primer orden. Un año trufado de viajes, lecturas públicas y conferencias, que tendrá su punto álgido en la visita a Stuttgart, donde el escritor participa en los actos conmemorativos del 150 aniversario de la muerte de Schiller. Invitado por el presidente de la República Federal, Mann intervendrá con una conferencia laboriosamente preparada, que luego repetirá en Weimar y en Holanda. Culminan este año, pleno de homenajes y relaciones al más alto nivel, la concesión del título de ciudadano de honor de su ciudad natal, Lübeck, y los festejos para conmemorar su 80 aniversario. Leyendo la crónica de este verdadero carnaval de actos públicos en torno al anciano escritor, no he podido dejar de pensar —con todos los respetos y reservas— en la famosa novelita de Henry James, La muerte del león.

Concluye este volumen un completo estudio cronológico y bibliográfico del autor, preparado por su traductor, Andrés Sánchez Pascual: un interesante y documentado panorama de la biografía y obra de Mann, ordenado por fechas y con abundantes citas extraídas de diversas fuentes autobiográficas. No solo se completa el arco temporal comprendido entre 1930 y 1954 —años para el escritor de una intensa actividad literaria y de compromiso político—, sino que también se aclaran determinados puntos oscuros u omitidos en las anteriores monografías. Resulta de especial interés para el lector español la particular atención prestada por Sánchez Pascual a las relaciones del autor alemán con nuestro país: recepción temprana de su obra, viaje a España, opiniones sobre nuestro país, lecturas españolas, etc. La intensa implicación de Mann en la política y cultura europeas, su valiente defensa de los valores democráticos y su lucha contra el nazismo, especialmente desde 1923, convierten esta crónica de su vida en un apasionante repaso de algunos de los sucesos más relevantes del siglo XX.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«De igual manera, en La muerte en Venecia no hay inventado absolutamente nada: el paseante del cementerio norte de Múnich, el siniestro navío de Pola, el viejo presumido, el sospechoso gondolero, Tadzio y su familia, la marcha impedida por el error con el equipaje, el cólera, el sincero empleado de la oficina de turismo, el maligno saltimbanqui, o cualquier otro detalle que pudiera citarse: todo, todo estaba allí, y lo único que faltaba era colocarlo en su lugar para que mostrase, de un modo asombroso, su capacidad interpretativa dentro de la composición. Es posible que se relacione también con esto el hecho de que, mientras trabajaba —con mucha lentitud, como siempre— en este relato, experimentase en algunos instantes el sentimiento de un caminar absoluto, la impresión soberana, nunca antes conocida por mí, de ser llevado en brazos.» (Relato de mi vida, traducción de Andrés Sánchez Pascual)
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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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2 respuestas a Relato de mi vida, de Thomas Mann

  1. Gracias, Manuel. Thomas Mann es una figura inabarcable, de hechuras siempre sorprendentes. Un personaje indispensable para entender la literatura y la vida, Europa y el mundo, la intrincada complejidad del ser humano y las relaciones sociales, culturales y políticas. Tus acertadas y alentadoras reseñas son una llamada a la lectura y a la reflexión, sin concesiones, sin excusas. Como siempre.

    Un fuerte abrazo,

    Josep Lluís Galiana

    • Gracias por tu valioso comentario, Josep Lluís. Además, como ya sabes, Mann fue también un enamorado de la música, y amigo durante su exilio americano de Stravinsky, Schönberg y Adorno, que le orientaron musicalmente para su novela Doctor Faustus. Un fuerte abrazo,
      Manuel

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