Fragmentos (un poco carbonizados), de George Steiner

Siruela vuelve a presentarnos en su «Biblioteca de ensayo» un nuevo volumen de George Steiner (1929), brillante ensayista y gran conocedor de la cultura europea. Nos referimos a Fragmentos (Fragments. Somewhat Charred), un conjunto de ensayos publicados originariamente en Kenyon Review (2012), traducidos para la ocasión por Laura Emilia Pacheco. Un ficticio autor antiguo, Epicarno de Agra, y el improbable hallazgo de unos pergaminos carbonizados en una biblioteca de Herculano son la excusa para ofrecernos ocho breves e intensas meditaciones. Cada fragmento conservado -una frase mínima, en ocasiones incompleta, enigmática o ambigua- se convertirá en un aforismo digno de ser glosado. Es indudable que «leemos» el mundo según nos interesa, y al igual que los pacientes del psicoanálisis leían en las manchas de Rorschach sus propias obsesiones, Steiner ha jugado a ver en estos ocho fragmentos de Epicarno los temas de meditación que más le preocupan, un estimulante abanico de asuntos transcendentes y siempre actuales: el amor y la amistad, el dinero y el mal, la inteligencia y la música, Dios y la muerte… Todo desgranado con ese estilo brillante y dinámico que lo caracteriza, denso y literario, rico en alusiones culturales de todo tipo cuyo desciframiento constituye un placer añadido. Es verdad que en estas reflexiones encontramos más preguntas que respuestas… Quizás porque la función del pensador no sea tanto contestar como plantear interrogantes. Donde fallan las preguntas reina la intolerancia.

«Cuando el rayo habla, dice oscuridad» glosa la rica simbología del relámpago, cargado de connotaciones míticas, filosóficas y literarias. Al amparo de dicha figura, Steiner profundiza en la negación y sus paradojas: «para definir qué es, hay que definir qué no es». El relámpago pone de manifiesto la oscuridad, de la misma manera que un inesperado silencio realza la música que viene después (recordemos las dramáticas pausas de la Incompleta de Schubert). El rayo es también el mejor símbolo de nuestro efímero tránsito sobre la Tierra. En «Amistad, homicida del amor» se reflexiona sobre esos dos sentimientos humanos tan valorados, tradicionalmente juzgados como antagónicos. La amistad, acto de libertad desinteresado, contrasta con la pasión asimétrica y exigente del amor, con la líbido irresistible, concomitante con tánatos en su carácter insaciable. La síntesis solo se alcanzaría en esas privilegiadas relaciones de pareja que, con el paso de los años, derivan en apacible camaradería y mutua tolerancia. «Hay leones, hay ratones» es una apasionante indagación sobre las desigualdades del intelecto, casi tan despiadadas como las del cuerpo («privilegios de la belleza»). ¿Cuál es la explicación del genio? ¿Hasta qué punto influyen en la excelencia intelectual la genética, la herencia o las condiciones sociales? No pierde Steiner la oportunidad de brindarnos un descorazonador panorama de las desigualdades que presiden nuestro mundo. En el siguiente ensayo, «El mal es», se nos ofrece un sugestivo resumen de las diferentes teorías sobre el mal, desde las que niegan su pura existencia (el mal sería simple ausencia del bien), hasta los modernos enfoques terapéuticos que lo consideran un mero accidente neurológico susceptible de curación. Sin embargo, el mal es persistente, acompaña a la Humanidad en su devenir histórico, no obstante sus innegables avances éticos y sociales. ¿Cómo es posible que reaparezca en contextos aparentemente normales, entre personas cultas y mentalmente sanas? ¿Es una constante inalienable, encastrada sin remedio en nuestra psique humana?  En «Canta dinero a la diosa» se explora el carácter ambivalente de la riqueza. El dinero y el lucro son considerados en ocasiones como moralmente indecentes, algo propio de usureros, y han sido rechazados por poetas y filósofos de todos los tiempos. El mito de Midas y el tonel de Diógenes son dos buenos ejemplos. Sin embargo, la riqueza es también un premio, la merecida recompensa a una vida de trabajo honesto y constante. Así parecen confirmarlo los finales felices de algunas novelas (Steiner cita a Jane Austen), donde la situación saneada de los enamorados promete una dicha sin sobresaltos. Pero lo que impera en nuestro mundo actual -prosigue Steiner- es el capitalisme sauvage y sus vergonzosas secuelas de pobreza, crimen y explotación. Ni siquiera la religión parece librarse de los intentos de «soborno», de los diezmos, indulgencias y limosnas con que pretendemos conquistar la benevolencia de los dioses. Tres mil años después, continuamos bailando alrededor del becerro de oro. En «Desmiente al Olimpo si puedes» se aborda el tema de la existencia de Dios. ¿Por qué Dios se muestra ausente, o parece distraído ante nuestros sufrimientos, las injusticias, los dolores gratuitos e innecesarios? Se revisan los argumentos a favor y en contra, para terminar concluyendo la falta de pruebas determinantes en uno u otro sentido. En el fragmento «¿Por qué lloro cuando canta Arión?» se aborda el tema de la música, de su significado y misteriosa influencia sobre el hombre. Que entre temas tan «mayores» haya quedado un hueco para la música, no sorprenderá demasiado a los que sepan del significado transcendente que los filósofos de todas las épocas han concedido a este arte: una tradición de pensamiento en la que Steiner se inserta muy gozosa y conscientemente. Lo único seguro -y quizás lo más importante- es que la vida sin música sería intolerablemente pobre. Finaliza Steiner su libro glosando el fragmento de Epicarno que reza «Amiga Muerte», oxímoron que le sirve para reflexionar sobre la traumática experiencia que debió suponer para la Humanidad el paulatino descubrimiento de su mortalidad universal e irremediable, origen de creencias y fantasías paliativas de todo tipo: dioses, héroes inmortales, patriarcas centenarios, resurrecciones, elixires y fuentes de eterna juventud… El deseo de prolongar artificialmente la vida humana contrasta dolorosamente con las aniquilaciones que han perpetrado las últimas contiendas mundiales. Desde luego que la ilusoria esperanza de que la ciencia nos permita algún día alcanzar la inmortalidad se compadece poco con esas armas de destrucción masiva que la moderna tecnología nos brinda para aniquilar el planeta en cuestión de horas. Pero ¿merece la pena prolongar la vida a todo coste? -se pregunta Steiner. Tras pintarnos un duro cuadro con las miserias físicas y mentales que conlleva alcanzar una edad avanzada, Steiner concluye abogando por una mayor libertad a la hora de decidir sobre nuestro fin: solo entonces podremos hacer nuestro el aforismo de Epicarno.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Lenin tenía pavor de que la Apassionata de Beethoven pudiera desviar su voluntad bolchevique de las severidades requeridas. La sublimidad wagneriana juega un papel notable en la autoimagen del Reich de Hitler. Así también la Novena Sinfonía de Beethoven. El hecho de que esta misma obra sirva de himno para el comunismo como para las Naciones Unidas enfatiza el juicio de Platón acerca del papel demoniaco de la música. Sin embargo, justo antes de morir, Sócrates canta.» (traducción de Laura Emilia Pacheco)
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