Diapsálmata, de Søren Kierkegaard

Las fronteras entre literatura y filosofía son, en ocasiones, venturosamente difusas. Quien haya leído a Goethe o a Nietzsche -por citar solo un par de nombres- podrá dar cuenta de la veracidad de esta afirmación, que tiene en la figura del filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) otro testimonio de peso (y no solo porque fuera autor de esa novelita tan encantadora, Diario de un seductor). «Diapsálmata» es palabra griega que viene a traducirse como «entre salmos». Si he entendido bien lo que explica Enrique Bernárdez en su introducción, se trataría de algo parecido al interludio pianístico que enlaza las diferentes estrofas de un lied o canción. Mientras descansan discurso y cantante, el tapiz sonoro del piano, que antes era fondo, pasa ahora a primer plano. No es lo más notable, pero sí lo fundamental, lo que estaba siempre en el fondo, aunque no lo percibiéramos con total nitidez. Puede ser una explicación del título… Pero que cada cual lo entienda como mejor le parezca. ¿No comenzamos diciendo que filosofía y literatura debían ser hermanas?

Diapsálmata es solo la primera sección de una obra más extensa, O lo uno o lo otro (Enten-Eller, 1843), primera obra publicada por Kierkegaard, en la que se incluían diversos textos, como Los estadios eróticos inmediatos o el erotismo musical, o Diarios de un seductor. La obra en su conjunto se presenta como anónima, artificio de larga tradición en la literatura de ficción, que anuncia ya con claridad la vocación literaria del texto. Basta con leer el brillante prólogo del libro para percibir el deleite con el que Kierkegaard teje la compleja ficción de los dos autores anónimos (A y B) y del hallazgo de los manuscritos en el cajón oculto de un viejo escritorio. Diapsálmata, especie de «aperitivo» o anticipo del libro en su totalidad, está compuesto por un abigarrado conjunto de paradojas, anécdotas, reflexiones, aforismos, introspecciones, recuerdos, observaciones, citas de clásicos… Son textos breves, en ocasiones de unas pocas líneas, afinados casi siempre en un tono pesimista y desengañado, donde abundan la ironía y el desaliento, sin faltar algunas gotas de humor. No son raras en Diapsálmata las contradicciones: un primer muestrario quizás de esas mismas incoherencias que le reprocharían siempre sus detractores, y que el filósofo justificaba por su rechazo a los sistemas filosóficos cerrados, y del que hacía gala adoptando habitualmente seudónimos y nombres ficticios para firmar sus obras. El destino del poeta, la miseria de lo humano, la crítica de la razón, la felicidad, el amor, la vanidad, el placer, el desengaño… son algunos de los temas sobre los que reflexiona el autor. Es llamativo el entusiasmo que transmiten algunos textos que hablan de música. Bastan una notas de Mozart, apenas oídas por la ventana abierta a unos músicos ambulantes que tocan en la calle, para que el sol brille de inmediato sobre el deprimido ánimo del filósofo… La alusión a su músico preferido, Mozart, no es, desde luego, casual, y sirve de anticipo al posterior ensayo sobre el «erotismo musical» que figura en el mismo volumen de Enten-Eller, y que tiene como figura protagonista al infatigable seductor del Don Giovanni. Como en otros filósofos alemanes, también la música adquiere una importancia cardinal en el pensamiento del danés. Música, literatura, filosofía… ¡no todas las culturas tienen la suerte de contar con una base tan sólida!

Se entresacan al final del volumen algunos pasajes de los Diarios de Kierkegaard, aquellos precisamente donde aparecen prefigurados algunos de los textos de Diapsálmata. Podremos así observar su proceso de gestación, su paso de lo particular y coyuntural a lo universal y permanente. Los textos pierden algunas claves explicativas, pero ganan en interés. Se vuelven más enigmáticos; más literarios, en suma.

Diapsálmata ha sido siempre uno de los textos más populares de Kierkegaard, y el deleite del lector que se enfrente a esta nueva edición está asegurado. Enrique Bernárdez ha prologado, anotado y traducido el texto del danés, y Hermida Editores ha tenido el acierto de vestírnoslo en edición exenta, en un libro exquisito que no nos cansamos de leer una y otra vez. Diapsálmata es, sin duda, una obra con vocacion de relectura, placer que se atenuaría mucho entre las páginas de un libro voluminoso.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Ay, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, no podemos entrar por ella como una tromba, dándole un empujón; sino que se abre hacia fuera, y nada se puede hacer.» (traducción de Enrique Bernárdez)

«Sucedió en un teatro, que se prendió fuego en los bastidores. Un payaso salió a informar al público. Los espectadores creyeron que era una broma y aplaudieron; lo repitió; le ovacionaron aún más. Así creo yo que se irá a pique el mundo en medio del júbilo generalizado de las sabias cabezas que creen que se trata de un chiste.» (traducción de Enrique Bernárdez)
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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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