De la A a la Z de un pianista. Un libro para amantes del piano, de Alfred Brendel

Algunos artistas no se resignan a dejarnos un único testimonio de su genio. Toman la pluma y escriben sobre su arte, de su manera personal de vivirlo o de valorarlo. No les basta con las manchas de color que quedan sobre el lienzo o las notas musicales grabadas en una cinta magnetofónica. Quieren tomar la palabra y ser más explícitos, iluminar desde dentro su legado. Justificarlo o hacerlo más comprensible, más perdurable. Cuando se trata de verdaderos artistas no podemos sino congratularnos y prestarles toda nuestra atención. Este es el caso del libro que hoy nos ocupa: De la A a la Z de un pianista, de Alfred Brendel (1931), uno de los intérpretes de piano más destacados y reconocidos de la pasada centuria, gran especialista del piano clásico y romántico (Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert…), autor de interpretaciones y grabaciones de referencia absoluta. En Alfred Brendel se añade además una inquietud literaria, su afán por la escritura, que le ha llevado a ser autor de diversos ensayos musicales y libros de poesía. De la A a la Z de un pianista (A bis Z eines Pianisten, Múnich, 2012) ha recibido una excelente acogida en nuestro país. El propio autor vino a presentarlo hace un par de años, y concedió una entrevista a un diario nacional donde nos contaba que en la actualidad vive un tanto alejado del piano y entregado a la literatura… Hablamos de un libro cuyo interés sobrepasa ampliamente el círculo de melómanos y aficionados al piano.

Siguiendo precedentes tan notables como los de Flaubert o Ambrose Bierce, Brendel nos ofrece con su libro un verdadero «diccionario de autor», una obra original donde el enfoque subjetivo impregna cada página, impulsando al texto mucho más allá de lo que parece prometer el título. No se trata, pues, de un diccionario de música convencional, que abrimos para consultar una duda puntual; sino de un texto personal que deberemos leer y releer a nuestro propio capricho, saltando de una entrada a otra, o desde la primera hasta la última página, pero siempre gozando de una singularidad que nos obliga a permanecer muy atentos, pues debajo de su ordenación aparentemente sencilla (la de un vademécum para pianistas principiantes) se esconde una notable complejidad, tanto por su ocasional tono aforístico como por la sutileza y profundidad del análisis. Una atrayente mezcla de observaciones y meditaciones personales, nacidas tras una larga y fecunda práctica musical, junto con el eco de lecturas, conversaciones y anécdotas diversas que son el apasionante reflejo de un estrecho contacto con el piano y la vida musical que lo rodea.

Como era de esperar, las entradas referidas a conceptos interpretativos tienen un gran peso en el libro. Algunas pertenecen de lleno al terreno de la técnica pianística: pedales, digitación, octavas, ataque, trinos, cantabile, staccato… Otras tienen un alcance más general: fidelidad al texto, metrónomo…; y en general, todas las relativas a agógica, carácter o dinámica, así como a la filosofía de la interpretación: continuidad, equilibrio, unidad… No podían faltar tampoco entradas para los compositores que han jugado un papel cardinal en la música pianística «cantabile», y han sido, en diversa medida, patrimonio esencial del repertorio de Brendel: Schubert, Beethoven, Haydn, Brahms, MozartSchumann, Liszt, Chopin… Pero también Bach o Scarlatti, para cuyas obras clavecinísticas reivindica Brendel una interpretación pianística complementaria (por su gran valor pedagógico) que los fanáticos de las versiones historicistas han negado en ocasiones. Las esporádicas alusiones a compositores más contemporáneos (como Bartók, Ligeti, Webern o incluso Kagel), alejados de su repertorio habitual, testimonian su interés y respeto por el arte del siglo XX (Brendel ha interpretado numerosas veces el Concierto para piano de Schönberg). El estudio de los compositores se acompaña con el repaso de algunas de la principales formas musicales pianísticas, como es el caso del lied, la fantasía (y su relación con la improvisación), el concierto para piano y la variación, de las que se analizan algunas de sus representaciones más emblemáticas para piano: Wanderer, Hammerklavier, etc. Aunque no les concede entrada propia, Brendel nos descubre también su preferencia por determinados intérpretes del piano (soslayando cortésmente a los contemporáneos). Los nombres de maestros como Busoni, Artur Schnabel, Edwin Fisher, Alfred Cortot o Wilhelm Kempff afloran repetidamente en el texto. Destacan también en el libro un conjunto de entradas de índole diversa pero de gran interés: arreglos musicales, grabaciones fonográficas, programas de concierto, repertorio… En este «diccionario» tan personal no faltan ni siquiera entradas puramente cómicas, como jammerklavier (piano de alaridos), tos, o yuck (interjección de disgusto), muestras de su reconocido sentido del humor.

Tras la lectura de este intenso y ameno libro se descubre la figura de un intérprete ponderado y escrupuloso, atento a las sutilezas del sonido; respetuoso de la figura del compositor, pero soberano en sus decisiones interpretativas: una feliz síntesis de reflexión y conocimiento, de técnica y sentimiento.

De la A a la Z de un pianista ha sido traducido del alemán para Acantilado por Jorge Seca, y cuenta con unos graciosos e imaginativos dibujos de Gottfried Wiegand (1926-2005), un artista por el que Brendel ha manifestado expresamente su inclinación.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Que los seres humanos estamos hechos de contradicciones es algo que se sabe desde mucho antes de Hegel. El intérprete es un buen ejemplo de ello. Toca para el compositor y al mismo tiempo para el público. Debe tener una visión panorámica de toda la pieza y, al mismo tiempo, hacerla surgir del instante. Sigue un plan y se deja sorprender a un tiempo. Se domina y se olvida de sí mismo. Toca para él y al mismo tiempo para el último rincón de la sala. Impresiona por su presencia y, cuando la suerte le es propicia, se disuelve al mismo tiempo en la música. Es un soberano y un sirviente. Es un convencido y un crítico, un creyente y un escéptico. Cuando sopla el viento adecuado se produce la síntesis en la interpretación.» (traducción de Jorge Seca)
«El staccato puede sonar entonces como si hubiera un batallón de pájaros carpinteros en la obra.» (traducción de Jorge Seca)
«Sin duda, el intérprete depende al mismo tiempo de las circunstancias acústicas y del estado del piano de cola. Hay salas que acogen y ennoblecen el sonido, y otras que lo adulteran, lo enturbian o lo desecan. Hay pianos “con los cuales hay que arreglárselas como uno pueda”, y otros cuyos resplandor y alma salen al encuentro del intérprete a medio camino. La frase “no hay pianos de cola malos sino tan sólo malos pianistas” bien puede habérsele ocurrido a un demonio disfrazado de vendedor de pianos.» (traducción de Jorge Seca)
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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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