Alpiste para codornices [y otros] cuentos, de Saki

Hector Hugh Munro (1870-1916), más conocido literariamente como Saki, fue un escritor británico nacido en Birmania, país donde su padre desempeñaba el puesto de oficial en la policía imperial. Huérfano a los dos años, se trasladó junto con sus hermanos a Inglaterra, donde se educó bajo la supervisión de una abuela y dos tías paternas. Tras una corta experiencia profesional en el cuerpo de policía de Birmania, Saki regresó a Inglaterra en 1896, desarrollando desde ese momento una intensa actividad periodística y literaria. Alistado como voluntario en los Royal Fusiliers, murió en 1916 defendiendo el frente francés. Aparte de sus artículos periodísticos, Saki escribió novelas, teatro y, de manera singular, relatos breves. Aunque no falta la variedad en sus cuentos, comparten todos un mismo humor ácido -en ocasiones negro-, que tiene como principal objeto de burla la clase media victoriana: sus incongruencias, defectos morales, ridiculeces… Sus relatos cortos, que vieron la luz en diversas publicaciones periódicas, fueron recopilados a partir de 1904 en seis volúmenes (los dos últimos, póstumos). Aunque existen numerosas ediciones de Saki en nuestro país, Alianza lanza ahora una nueva y atractiva antología, recopilada, traducida y anotada por Arturo Agüero Herranz: diecisiete cuentos que trazan un completo panorama de los diferentes registros humorísticos del escritor británico.

Los dos primeros relatos, «La reticencia de Lady Anne» y «Gabriel-Ernest», representan ejemplarmente el lado más negro y macabro de su humor. En «Gabriel-Ernest» se anuncia además un rasgo recurrente en la narrativa de Saki, el uso del componente fantástico como potenciador o desencadenante del humor. Este elemento fantástico, que enfrenta a los protagonistas con situaciones alejadas de su limitado horizonte burgués, alcanza una especial eficacia en el célebre relato «Tobermory», donde un gato que ha aprendido a hablar siembra el pánico entre los invitados de Lady Blemley, que temen que sus secretos e hipocresías queden al descubierto. La psicología infantil es otra fuente inagotable de comicidad para Saki, que disfruta contraponiéndola a la mentalidad anquilosada y llena de trabas morales de sus mayores. Invariablemente, los niños resultan vencedores, consiguiendo en ocasiones invertir su papel de víctimas en verdugos. «Sredni Vashtar», uno de los relatos más famosos -y donde el humor negro y la fantasía se dan la mano-, tiene como protagonista a un niño atormentado por una tutora maniática y de perfiles sádicos. Un tejón se erigirá en divinidad vengadora de sus ofensas. En «La ventana abierta» -otro de sus cuentos más celebrados- admiraremos el virtuosismo de una joven mentirosa compulsiva, que logra aterrorizar a un visitante desprevenido. Desarrollado en un vagón de ferrocarril, «El narrador de cuentos» pone de nuevo en evidencia la superioridad imaginativa de los niños, que escogen invariablemente los relatos «inapropiados» del pasajero desconocido, y rechazan, por bobos y previsibles, los de la tía que los acompaña. «El trastero» tiene también como protagonista a uno de esos infantes díscolos e inteligentes que tanto sacan de quicio a sus mayores. Su prodigiosa imaginación le permitirá sortear con éxito una difícil tarde de castigos, tomándose incluso una venganza sobre la tía de turno (aunque no tan cruenta como la de «Sredni Vashtar»). En todos estos relatos resulta tentador ver un reflejo de la proverbial rigidez educativa británica, que bien pudo sufrir en sus carnes el propio autor (educado por dos tías solteronas e intransigentes). El snobismo británico de las clases medias, las cómicas incongruencias a que da lugar su comportamiento hipócrita o rutinario, son también cantera inagotable para Saki. En «La cura de inquietud» contemplamos el desarrollo de una desaforada inocentada, tejida para sacudir la monótona existencia de una pareja de hermanos solterones. Las rivalidades ridículas entre mujeres desocupadas y snobs tienen también su cómico retrato en «El tigre de Mrs. Packletide». En esta misma línea podríamos situar el relato que da título a la colección, «Alpiste para codornices», donde se satiriza la paleta curiosidad por la vida de las clases superiores, que es aprovechada por un avispado tendero para llenar su comercio de clientes. Tanto en «El Brogue» como en «Las siete jarras de crema» se narran los terribles aprietos que se sufren para salir con bien de una situación propiciada por un comportamiento deshonesto o hipócrita. En el primer caso, un caballo de malas costumbres ha sido vendido fraudulentamente a la persona menos adecuada, un potentado que desposará -si el caballo no lo mata antes- a una de las hijas del vendedor. «Las siete jarras de crema» es otro divertidísimo cuento de enredo en torno a un caso de cleptomanía, erróneamente atribuida al miembro más respetable de la familia. Antes que reconocer su equivocación, Mrs Peter no dudará en acusar a su propio esposo de cleptómano. Las ansias burguesas de una vida pacífica en el medio rural -otro tema muy inglés- se reflejan en «La paz de Mowsle Barton», un relato de corte fantástico y paródico donde no faltan ni hechizos ni brujas. No muy diferentes son los relatos donde se satirizan, de manera muy exagerada, determinadas actitudes propias del mundo del arte. Así, en «El soporte», se exponen los apuros que sufre el desafortunado portador de un tatuaje genial, considerado «patrimonio nacional», y en «El buey engordado», las servidumbres de un pintor encasillado en temas bovinos. «Los intrusos» es uno de los cuentos más inclasificables del libro, quizás una parodia del género gótico. En fin, la colección se cierra con un relato muy diferente a todos los anteriores, «La imagen del alma perdida», un emotivo ejercicio de juventud en la estela de Oscar Wilde.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Era su costumbre, cada vez que uno de los niños caía en desgracia, improvisar alguna cosa de naturaleza festiva de la cual el infractor sería rigurosamente excluido; si los niños pecaban de modo conjunto, de repente se les comunicaba que había llegado un circo a la ciudad vecina, un circo de incomparable mérito y con un sinfín de elefantes, al que, de no ser por su perversidad, les habrían llevado ese mismo día.» («El trastero», en la traducción de Arturo Agüero Herranz)
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5 respuestas a Alpiste para codornices [y otros] cuentos, de Saki

  1. Sofía dijo:

    ¡Qué portada tan bonita! Y qué bien que hayas vuelto a compartir una reseña.
    Saludos.

  2. Arturo dijo:

    Gracias por la reseña de Saki. Es excelente, como las demás que voy viendo ahora en esta página, así como la selección de los libros. Mi enhorabuena por tu trabajo.

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