Antología de cuentos de la dinastía Tang

Con este nuevo volumen, la editorial Miraguano nos ofrece una amena e interesante recopilación de cuentos escritos bajo la dinastía Tang (618-907), privilegiado periodo de las letras chinas en que la narrativa de ficción alcanzó un primer y destacado florecimiento. Se trata de diez relatos escogidos, la mayoría de corte fantástico (chuanqi), que además de entretenernos con sus novelescas peripecias nos brindan la posibilidad de echar un vistazo a la variopinta sociedad china de finales del primer milenio. Aparte de las fabulaciones puramente fantásticas, donde conviven monstruos, divinidades y hombres, abundan en el libro las historias de amor, generalmente malogradas por una sociedad feudal que se muestra intransigente con las diferencias de clase. Casi todos los relatos seleccionados gozan de un ininterrumpido favor en la tradición cultural china, y algunos han sido objeto de reelaboraciones ulteriores: novelas, adaptaciones teatrales, cómic, óperas, películas…

Se abre la colección con «El Mono Blanco», un famoso relato anónimo que tiene como protagonista a un monstruoso simio, erudito y amante de las mujeres, que habita la inaccesible cima de una montaña. Rodeado de un harén de jóvenes raptadas, que renueva constantemente, encontrará su fin a manos de un esforzado guerrero que desea recuperar a su esposa. Dos barriles de vino y un punto vulnerable en su anatomía bastarán para poner término a su milenaria existencia. «Ren, la zorra encantada» (de Shen Jiji) es un bello cuento fantástico donde no faltan ni la casa encantada ni las jóvenes que se metamorfosean en animales. La figura de la protagonista, súmmum de belleza, discreción y generosidad, contrasta con los toscos personajes masculinos de la historia. Una buena parte de «La hija del Rey Dragón» (de Li Chaowei) transcurre en el fastuoso mundo subacuático de los dragones. Un pequeño servicio a una divinidad en apuros, la hija del Rey Dragón, reportará a Liu Yi la mayor de las recompensas. Resulta admirable la perseverancia de la princesa para hacerse con el amor de su indeciso y tibio paladín. En «La hija del príncipe Huo» (de Jiang Fang) asistimos a la tragedia de una joven seducida y luego abandonada en beneficio de un partido mejor. Sus grandes dotes físicas y morales no bastarán para compensar, frente a la encumbrada familia de su irresoluto amante, una posición social desfavorable. La «Historia del gobernador de Nanke» (de Li Gongzuo) es otro famoso cuento donde se combina la fantasía más exquisita con una lección moral de raíz taoísta. Todo es admirable en este relato, como esa carta del padre desaparecido que recibe el protagonista en mitad de su sueño. General en una remota e inaccesible frontera septentrional, el progenitor señala al hijo un plazo de tres años para el reencuentro, término que se cumplirá escrupulosamente en el mundo real. La fantasía se convierte así en ominoso vaticinio. La «Historia de Li Wa» (de Bai Xingjian) cuenta los atroces sufrimientos de un joven aspirante a funcionario imperial que se enamora de una cortesana. El posterior arrepentimiento de la taimada Li Wa pondrá un final feliz a la historia, permitiéndoles quebrantar las barreras sociales que los separaban. La superioridad de la joven cortesana sobre el tímido estudiante resulta abrumadora. La «Historia de Wushuang» (de Xue Tiao) es un relato de amor y fidelidad, de aventuras y turbulencias políticas, testimonio de los convulsos años finales del periodo Tang. En «El derrochador y el alquimista» (de Li Fuyan) asistimos a los dolorosos ejercicios de rehabilitación de un joven manirroto. Un ambicioso mago lo someterá a una espeluznante ordalía (¡una verdadera tortura china!) donde la «prueba del amor» resultará insuperable. «El esclavo Kunlun» (de Pei Xing) narra las fantásticas proezas de un esclavo para servir a su amo en la consecución de unos amores obstaculizados por un personaje encumbrado y tiránico. Finalmente, «El hombre de la barba rizada» (de Du Guangting) constituye un testimonio histórico del agitado periodo de transición entre las dinastías Sui y Tang.

Como es costumbre inveterada en esta colección de «Libros de los malos tiempos», el volumen viene acompañado de una simpática separata, donde Sebastián Gómez Cifuentes (responsable de la revisión y anotación de los textos) traza un sucinto resumen de la tradición literaria china, desde sus orígenes más remotos hasta el advenimiento de la dinastía Tang (618-907), así como un breve estudio de los cuentos seleccionados.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Al mirar hacia atrás, vio al caballo de Ren pastando en el borde del camino. Las ropas que ella vestía permanecían sobre la silla de montar, sus zapatos y medias aún colgaban de los estribos. Sólo los adornos y joyas que llevaba prendidos en el pelo aparecían desparramados por el suelo; todo lo demás había desaparecido. También su criada. Era como si se hubiesen evaporado.»
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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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