Relatos breves y microrrelatos, de Heimito von Doderer

Aunque poco conocido en España, Heimito von Doderer (1896-1966) es considerado por la crítica como uno de los escritores austríacos más importantes del siglo XX, o al menos de su segunda mitad. La editorial Destino publicó en 1981 Las escaleras de Strudlhof (1951), un texto de gran interés, recientemente reeditado en Debolsillo (2013). En los últimos años Acantilado ha sacado a la luz sus otras dos grandes novelas, Los demonios (1956) y Un asesinato que todos cometemos (1938), a las que ahora vienen a sumarse estos Relatos breves y microrrelatos (traducidos por Roberto Bravo de la Varga): un auténtico muestrario de los temas y maneras del escritor, una apreciable fuente de placer para el lector que se embarque en sus páginas.

En sentido estricto, los microrrelatos que aparecen en el libro se reducen prácticamente a dos breves colecciones: “Nueve  microrrelatos“, y “Ocho ataques de ira“: un alucinado ejercicio de imaginación que leeremos entre divertidos y espantados. Pues uno de los rasgos que quizás llame más la atención del lector es la afición de von Doderer por la pintura de riñas y altercados grotestos, de súbitas explosiones de rabia colectiva, como en “Decadencia de una familia de porteros de Viena en el año 1857“. La mayoría de los relatos recogidos en el libro (una treintena larga) son textos breves y de mediana extensión. La variedad de temas y registros es abrumadora, aunque es constante la evocacion del paisaje vienés: sus gentes y calles, parques y establecimientos públicos, sus clases sociales (incluida el hampa vienesa: “Cómplice involuntario“). A poco que leamos del libro, descubriremos que un procedimiento grato a von Doderer consiste en enfrentar al protagonista con un suceso inesperado, terrible o peligroso -en ocasiones insignificante-, que lo saca, por así decir, de los carriles predecibles de su vida ordinaria, abriéndole nuevos horizontes. Este es el caso de relatos como “Léon Pujot” o “Aimée“; aunque también es detectable, en menor medida, en otros muchos, como en “El callejón de la compasión“, o en “La alondra“. De manera general, los relatos de von Doderer dosifican con acierto la intriga, que en ocasiones roza lo fantástico, o su apariencia, como en “El golfo de Nápoles“: las aventuras de un viajero del tren del miedo que se atreve a bajarse de su vagón dentro del túnel. Otros dos relatos tienen como trasfondo la Gran Guerra, en la que el autor tuvo una accidentada participación que le condujo hasta las cárceles de Siberia: “Encuentro al amanecer“, y “Funeral de campaña para un amor“, una anécdota sentimental acerca de unas cartas halladas en un viejo palacio emplazado en la misma línea de fuego. En “Una mujer tatuada” se nos narra una cruel historia de circo, donde los celos de una malvada caballista y la simpleza de la protagonista conducen a un infernal callejón sin salida. Aún más inquietante nos resultará el curioso relato “Una persona de porcelana“, una sádica y macabra fantasía para recordarnos, quizás, que las apariencias engañan. Estos dos relatos tienen como protagonistas a dos terribles mujeres, que esconden su maldad bajo un manto de hipocresía, quizás una complacencia misógina del autor, que reaparece en otros cuentos, aunque no de manera tan acusada. Así, en “En el laberinto“, el escritor fantasea con la posibilidad de librarse de una relación cargante con el solo gesto de apretar un botón. Las complejas relaciones de pareja se exponen en relatos como “Ella se vende“, “Una mañana de verano“, o “Unidos en cuerpo y barba“. Una lección moral aparece también en el curioso relato “El talento enterrado“: un elogio de la aurea mediocritas, pero teñido de una leve ironía. Finalmente destacaremos algunos relatos puramente líricos, como esa bella evocación de la jornada en que murió Beethoven: “Un temporal de nieve“. En la misma línea podemos situar el relato que abre la colección, “Retorno a la juventud“, una aguda meditación sobre el valor de los recuerdos más enterrados en la memoria. En fin, un conjunto de textos en su mayor parte de gran interés, algunos -los menos- más intranscendentes, pero siempre variados y sugerentes. No defraudarán al lector.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

Fue el comportamiento de una tetera lo que reforzó mi inquebrantable convicción de que sólo si mostraba el valor y el coraje suficientes y estaba dispuesto a destruir sin dudar los enseres de mi vivienda conseguiría conjurar la maldad de los objetos que me rodeaban disuadiéndolos de agredirme por una larga temporada” (de “Ocho ataques de ira”, traducción de Roberto Bravo de la Varga).
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