El monje negro, de Antón Chéjov

Es tal la fecundidad y bondad narrativa de Antón Chéjov (1860-1904), que no parece difícil reunir un puñado de relatos breves que, sin ser excesivamente conocidos, muestren la sobresaliente calidad artística de su autor. Es por ello que existen tantas y tan buenas recopilaciones y antologías de Chéjov en el mercado editorial español. Esta que nos ofrece ahora la editorial Eneida (traducida por Olga Sokolov) no lo es menos, y tiene el mérito de recoger una muestra bastante variada: cuentos serios y humorísticos, extensos y breves, fantásticos y realistas, conocidos y menos conocidos. Todos muy logrados.

El relato que da título al libro y lo principia, «El monje negro» (1894), es el más extenso, con diferencia, de los seis recopilados. Se trata de un texto de gran belleza y complejidad, susceptible de recibir variadas lecturas e interpretaciones. A diferencia de los restantes cuentos, el humor brilla por su ausencia, a no ser que juzguemos cómicos los apuros y manías del famoso horticultor Pesotski. Un estudio, quizás, de las diferentes formas que puede revestir la locura; de los sufrimientos de una mujer entregada al capricho de los hombres que la quieren; o de cómo pueden malograrse las mejores expectativas con una vida alejada de lo natural. Con la ominosa figura fantasmal del monje negro, que se insinúa en la lejanía como oscura nube de tormenta y luego se acerca vertiginoso y silente, se alcanzan altas cotas de horror; quizás mayores en cuanto que el protagonista no es consciente de la anormalidad de su visión, y deja solo, por así decirlo, al lector. Los restantes relatos que integran la selección se orientan hacia el lado cómico y apenas presentan complejidad. Quizás el menos convincente sea «Una noche de espanto», un simple e inverosímil ejercicio de humor negro, en las antípodas del relato anterior. «En la oscuridad» y «El misterio» tienen como protagonistas a sufridos maridos burgueses, a los que un suceso aparentemente inexplicable (y la excentricidad y fantasía de sus respectivas esposas) sacan, aunque sea provisionalmente, de los carriles ordinarios de la vida cotidiana. Cuando el misterio se resuelve y aflora la más pedestre realidad, se produce el desencanto, o bien la imaginación se busca otra quimera… En «La víspera del juicio» asistimos a los merecidos apuros de un don Juan bígamo, enredado cómicamente en sus propios embustes. Se cierra la colección con un cuento poco conocido de Chéjov: «Una mujer sin prejuicios», un amable y gracioso relato con un final feliz donde los haya.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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