El espantapájaros, de Nathaniel Hawthorne

No me resisto a reseñar este agradable librito -aunque sea brevemente-, que recoge uno de los cuentos más deliciosos del gran escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne (1804-1864): El espantapájaros (Feathertop: A Moralized Legend, 1852). La editorial cacereña Periférica nos ofrece en este caso una edición exenta de un relato corto que anda lejos de ser inédito o difícilmente asequible. Es una especie de moda a la que se apuntan actualmente algunas editoriales, en unos casos acompañando los textos de nuevas ilustraciones, en otros extremando lo cuidadoso y exquisito de la edición. No sé si obedece este fenómeno a la crisis, a la intolerable presión de internet, a la falta de ideas entre los editores, o a la confianza ciega en el sibaritismo que padecemos algunos lectores, que nos mueve a releer nuestros textos predilectos en ediciones atractivas. En cualquier caso, El espantapájaros de Periférica es un precioso regalo para cualquier lector, haya leído o no antes a Hawthorne. Incrementa aún más si cabe el interés de esta edición el postfacio escrito por el propio traductor, Juan Sebastián Cárdenas, que reflexiona documentadamente sobre el papel de la alegoría en el arte moderno, en el caso particular de Hawthorne, y especialmente en este mismo relato de Feathertop, donde descubre una alegoría de la vanitas.

A estas alturas quizás no nos importa demasiado a los lectores si la alegoría es o no es un procedimiento literario acorde con la cultura moderna. Todos los lectores de Hawthorne, al menos, lo dan por descontado y lo aprecian en su justa medida: Sin alegoría no hay Hawthorne. Su significado en Feathertop («cabeza de pluma») es, desde luego, transparente. Pero lo que nos seduce sobre todo es su formulación, la gracia y la ironía con las que el autor va construyendo la fábula y dotándola de sentido, y que relucen como el oro en cada línea del texto. Dos elementos muy apreciados por Hawthorne, como materia prima para sus historias, se amalgaman en este relato: el viejo sentido moral puritano de Nueva Inglaterra y las arraigadas creencias en la brujería. Fuerzas en conflicto históricamente hablando (un antepasado de Hawthorne, con su mismo apellido, fue juez en el famoso proceso contra las brujas de Salem), se dan paradójicamente la mano en el discurso, pues es la anciana mamá Rigby la que con el simpático fruto de sus hechizos nos brinda una lección de moral. Las apariencias engañan.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Y si alguien pregunta tu nombre di que te llamas Feathertop, pues llevas una pluma en tu sombrero y un puñado de ellas en el interior hueco de tu cabeza; y también tu peluca es del modelo que suele llamarse Feathertop. Así que Feathertop es tu nombre». (traducción de Juan Sebastián Cárdenas)
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Acerca de Manuel Fernández Labrada

Libros, lecturas y reseñas saltusaltus.wordpress.com
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