La casa de los deseos, de Rudyard Kipling

Hay otras muchas antologías de relatos de Kipling (1865-1936), pero esta que acaba de publicar la editorial Eneida (traducida por Javier Hernández Huerta) recoge algunos de los más interesantes del autor inglés, y es además bastante representativa de su universo literario: lo fantástico y lo cotidiano, Inglaterra y la India, la inescrutable mentalidad indígena y la cerrada sociedad británica, heroísmo y superstición…Unos relatos que habrá que disfrutar, en ocasiones, poniendo entre paréntesis su defensa a ultranza del colonialismo británico, uno de los valores, quizás, menos actuales de su narrativa.

En “La casa de los deseos” la conversación aparentemente anodina de dos ancianas inglesas, que recuerdan su duro pasado, se ve de repente transportada a un registro fantástico, con la evocación de una casa abandonada, en plena ciudad de Londres (la Bagdad de Occidente, según Stevenson), que atesora un poder increíble. Se nos desvelará una historia de sufrimiento y amor desinteresado. “Ellos” es uno de los relatos más bellos y poéticos del libro: un viajero, perdido con su vehículo en un misterioso y mágico paisaje inglés –descrito de manera magistral–, arriba a una maravillosa y remota mansión, habitada por una amable mujer ciega y unos extraños niños que juegan en el jardín… Si estos dos primeros relatos están ambientados en Inglaterra, los restantes se relacionan con el colonialismo británico en la India, escenario habitual de Kipling. En “La marca de la bestia”, uno de los cuentos más conocidos del autor, lo fantástico deriva hacia lo terrorífico, desencadenado por la estupidez de un occidental que parece desconocer que, más allá de Suez, el hombre “queda a merced del poder de los demonios y dioses de Asia”. Aunque “Una guerra de sahibs” se desarrolla en Sudáfrica, en el contexto de la Guerra de los Boers (que el autor conoció de primera mano), puede considerarse una ampliación o traslación de la temática colonial india. El relato está narrado en primera persona, a modo de monólogo, por Umr Singh, un orgulloso indio de la casta sij y soldado de la caballería británica, que no duda en seguir a su capitán en una caballerosa y heroica escapada hacia la muerte bajo cielo africano. Un canto a la integridad británica, pero también a la lealtad de un subordinado capaz de sobreponerse a los tabúes de su casta. En “El regreso de Imray” reaparece el registro fantástico, que ahora alcanza altas cotas de horror y complacencia macabra. Este relato, al igual que “La marca de la bestia”, tiene como personaje destacado al comisario Strickland, lo que le da un cierto aire policiaco. Sin embargo, la reparación de la falta, en ambos textos, solo se alcanza con un ejercicio de violencia. Las reglas éticas parecen desdibujarse con la latitud, y los personajes del primero de los relatos no dudan en reconocer que: “habíamos perdido para siempre nuestra dignidad de británicos”. Finalmente, en “Sin la bendición de la Iglesia”, se abordan las conflictivas relaciones entre colonizadores e indígenas. El profundo y conmovedor amor entre un inglés y una joven india –y su hijo recién nacido– sirve de pretexto para un rendido elogio del denodado servicio de los británicos en la India, puesto a prueba por una atroz epidemia. Una vez más la fidelidad de los sometidos brilla como el oro… Quizás lo más admirable de este relato sea la perfección de su doble registro: lo individual y lo colectivo. Se impone el sacrificio: la tragedia personal se relativiza diluyéndose en el Todo. Sin duda Kipling aprendió mucho de la India.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

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Acerca de Manuel Fernández Labrada

Libros, lecturas y reseñas saltusaltus.wordpress.com
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2 respuestas a La casa de los deseos, de Rudyard Kipling

  1. fernando Rojo dijo:

    es cierto que (Ellos) es el mejor relato de todos los que aparecen en el libro, no entiendo porque ponen como título central de la obra LA CASA DE LOS DESEOS cuando, aun siendo un buen relato, no lo es tanto como (Ellos). En fin para gustos, colores.

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