El fauno de mármol, de Nathaniel Hawthorne

Vaya por delante que El fauno de mármol (1860) no es una novela de fácil lectura, ni siquiera para los que han degustado ya otros títulos del autor. Alejada de lo que se entiende corrientemente como un texto narrativo, este voluminoso romance nos ofrece en sus páginas, no obstante, una muestra del más puro y completo Hawthorne (1804-1864). Los entusiastas del escritor norteamericano se alegrarán, sin duda, de que la editorial BackList nos ofrezca al fin este título que tanto esperábamos. El fauno de mármol es una novela que avanza con lentitud extrema, con escaso desarrollo argumental, llena de caprichosas extravagancias y continuas digresiones. La novela refleja el ambivalente impacto que ejerció sobre Hawthorne la cultura italiana (clásica en particular) durante su tournée europea (1857-1860). No parece desacertado juzgar a esta última novela del norteamericano como una especie de diario, de cuaderno italiano del novelista: los paseos y viajes de sus personajes -las andanzas se extienden desde Roma hasta los Apeninos y Perugia- le permiten expresar sus peculiares observaciones y reflexiones sobre monumentos, pueblos, costumbres, artes (la pintura religiosa católica, por ejemplo), clases sociales, tipos… Especial interés tienen las páginas donde este descendiente de puritanos de Nueva Inglaterra nos ofrece su compleja visión del catolicismo romano, al que no escatima las más aceradas críticas. Pero la novela cuenta también una historia, como no podía ser menos, tejida a partir del personaje de Donatello: el “fauno de mármol”, así llamado por sus amigos a causa de su parecido con la célebre estatua de Praxíteles. Donatello es un joven noble italiano, paradigma de ingenuidad, que parece vivir aún en la edad de oro. En torno a este fauno redivivo se mueve un reducido número de personajes: los jóvenes artistas norteamericanos Hilda, Kenyon y Miriam, cada uno con su propia y estereotipada personalidad. La figura más compleja es la de la pintora Miriam, adorada por Donatello con una servidumbre casi animal, que solo es correspondida con un afecto tibio y fraternal. Miriam, que se manifiesta como el polo opuesto a Donatello, es la depositaria de un secreto, de una culpa que la une destructivamente al “espectro de la catacumba”, un misterioso y estrafalario personaje que deviene su modelo y que la tiraniza inexplicablemente. La radical intervención de Donatello para liberarla del acoso produce una profunda crisis en los personajes, en sus relaciones mutuas y en la trama de la novela, que solo se resolverá en las últimas páginas.

El texto de esta cuidada edición de El fauno de mármol es obra de la traductora Cristina Martín Sanz, y viene acompañado de una introducción escrita por Susan Manning.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

Estatua del papa Julio III, en Perugia. A sus pies se produce la reconciliación de Donatello y Miriam

Fauno de Praxíteles

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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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