Las manzanas silvestres, de Henry David Thoreau

Henry David Thoreau (1817-1862) fue quizás un ecologista y antisistema avant la lettre, por su encendido amor y respeto a la naturaleza y su radical oposición a un mundo moderno cada día más estandarizado. Sus dos obras más importantes y difundidas, La desobediencia civil (1849) y Walden (1854), no deben hacernos olvidar otros títulos menores, como los que durante estos últimos años viene publicando la editorial Olañeta. Me refiero principalmente a Pasear, Colores de otoño, y Las manzanas silvestres. Cualquier amante de la naturaleza encontrará en estos breves textos un filón inagotable con el que nutrir sus vagabundeos campestres. Las manzanas silvestres (1862), el libro que ahora nos ocupa (traducido por Esteve Serra), ofrece una amena y dinámica mezcla de erudición y reflexión personal. Junto a estudios históricos, antropológicos o botánicos encontraremos las imaginativas, y muchas veces caprichosas, observaciones del autor, que nos seducirán sin dejar de arrancarnos, en ocasiones, una sonrisa. La protagonista de esta novela natural no puede ser más humilde: una fruta silvestre de ridículo tamaño y ácido sabor que brota espontáneamente en los más apartados rincones del bosque, olvidada de la mano del hombre y entregada a una durísima lucha por la supervivencia que no hace sino ennoblecerla más. Porque el manzano silvestre representa de manera ejemplar para Thoreau la victoria de lo salvaje sobre lo civilizado, lo natural sobre lo artificial, lo auténtico sobre lo falso. ¡Qué duda cabe que el autor siempre prefiere lo primero a lo segundo! La manzana silvestre será, pues, su preferida entre todas, por principio, aunque la encuentre “lo bastante acerba como para darle dentera a una ardilla y hacer chillar a un arrendajo”. Al igual que otros títulos arriba citados, Las manzanas silvestres es un libro para echar a la mochila, una ferviente exhortación a caminar y gozar con la observación atenta del maravilloso espectáculo natural, porque “sólo en los campos se aprecian las frutas ácidas y amargas de la Naturaleza”.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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