En Saltus Altus hay mucho tiempo libre, por lo que uno termina ideando historias… Aquí figuran las que tengo publicadas en Bubok. Puede también encargar algún ejemplar (libre de gastos de envío) en la siguiente dirección http://luscinia.ruidemos.org
La hija del geólogo (2012)
En la primavera de 1802 Beethoven se retira a Heiligenstadt, un pueblecito cercano a Viena, con el propósito de disfrutar durante unos meses de la apacible vida rural, en un momento de su vida en que unos incipientes problemas de oído amenazan con truncar su carrera musical. En este contexto tan dramático se produce su encuentro con Ulrike Abel, la hija de un excéntrico profesor de geología. Se origina así una compleja y difícil relación que obligará a la muchacha a enfrentarse con situaciones y personas procedentes de un mundo muy diferente al suyo.
Lea los primeros capítulos: aquí

Viaje de invierno (2009)
Viaje de invierno narra la experiencia de un hombre profundamente desengañado que busca su salvación en el seno de una naturaleza agreste y solitaria. Largas caminatas, acuarelas y meditaciones sobre su pasado constituyen el frágil entramado sobre el que pretende levantar una existencia alejada de las inseguridades de la vida en sociedad. Su súbito enamoramiento de una enigmática mujer pondrá en evidencia la inconsistencia de sus proyectos de aislamiento. Finalmente, esa naturaleza idílica en la que ha buscado su refugio le mostrará su cara menos amable.
Lea los primeros capítulos: aquí

Migala y otras historias (2010)
“En este estado de cosas, ofuscados por los vapores hipnóticos del alcohol, descubrimos una atracción que despertó nuestra curiosidad. Era una carpa de pequeño tamaño, pero decorada de la manera más fantástica. En un gran panel situado sobre su vértice podía verse, toscamente recortada, una descomunal y terrible araña negra con cabeza de mujer. Entre sus pinzas, colgados desordenadamente de los hilos que la sustentaban, se balanceaban los cuerpos de sus presas, todas caballeros con pinta de no estarse precisamente divirtiendo. Este esperpento concentró nuestra atención de beodos desesperados. Un sencillo letrero luminoso dejaba leer el nombre de Migala…”
Lea las primeras páginas: aquí