Jean Paul (Johann Paul Friedrich Richter, 1763-1825) es uno de los escritores alemanes más originales, exquisitos y apreciados del periodo prerromántico. Todavía obraban entonces en Alemania los principios de la Ilustración, presentes de manera singular en la compleja obra de nuestro autor, que difícilmente encajaríamos en los moldes más comunes del Romanticismo. Nacido en una familia muy modesta (su padre era maestro y organista), Jean Paul respira durante una gran parte de su vida el deprimido ambiente de los maestros y profesores de liceo de última categoría, que transmuta en textos tan luminosos y optimistas como los dos que nos ocupan: El viaje del rector Florian Fälbel (1790), y Vida del risueño maestrillo Maria Wutz en Auenthal (1793). Aunque Jean Paul alcanzó en vida gran fama como escritor, luego cayó en el olvido, y sólo a lo largo del siglo XX fue recuperando poco a poco su lugar. Todavía en 1921 señalaba Hermann Hesse que su obra había sido injustamente olvidada en Alemania. En España, su recuperación (o mejor dicho, su recepción) es de ayer mismo. Al igual que otras editoriales independientes, como Velecío, Gallo Nero, Cómplices, Sequitur o El olivo azul, Nórdicalibros pone su granito de arena apostando por este autor tan escasamente leído en nuestro país.
El viaje del rector Florian Fälbel es un texto satírico, muy cómico, escrito en una prosa densa e ingeniosa, rica en paréntesis y digresiones, delirante en ocasiones. Este extravagante profesor de liceo bávaro emprende un viaje pedagógico al Fichtelberg (su medición es uno de los platos fuertes del programa), acompañado de doce alumnos, varios perros, su propia hija Córdula (¡alguien tiene que cocinar!) y una variopinta impedimenta de libros, planos, pizarras, instrumentos de medición y salchichas ahumadas… Se nos ofrece por boca de su propio protagonista, Fälbel, la crónica de un disparatado programa pedagógico, grotescamente alterado por los inesperados sucesos que salpican el viaje; entreverado de citas eruditas, latinas en ocasiones, siempre pedantescas y traídas por los pelos, acumuladas con un afán evidentemente paródico. Pero Fälbel no es la única voz del relato. Como es habitual en Jean Paul, la intromisión del autor es continua, puntualizando o distanciándose de la exposición del rector. En apenas medio centenar de páginas se amontonan las aventuras y ocurrencias más ridículas: una verdadera burla de los viajes estudiantiles, en particular, y de la pedagogía germana en general. Un texto para leerlo sin prisas, con cuidadosa atención, deleitándonos en las pequeñas sorpresas que nos acechan a la vuelta de cada línea, tan inesperadas y sorprendentes como placenteras. Qué graciosa resulta la escena de la pelea perruna en la posada, en la que cada amo tira de la cola de su perro, modulando el alboroto -según Fälbel- como el organista que extrae los registros de su órgano. O los ejercicios de medición que toman como referencia a dos brutales campesinos dormidos bajo unos árboles, que despiertan repartiendo puñetazos. La influencia de Sterne se patentiza en el enternecedor episodio del soldado húngaro que va a ser fusilado por desertor. Mientras Fälbel se escandaliza de su bárbaro uso del latín, y justifica ya por eso su muerte; el autor lo compadece, destacando su pobre y doliente humanidad, que le ha conducido al último gesto de desnudarse ante el pelotón de fusilamiento para ceder íntegra su ropa a la lavandera del regimiento. El colmo del despropósito se alcanza al final, cuando Fälbel renuncia a subir al Fichtelberg, destino del viaje, al enterarse de que otro erudito lo acaba de preceder y ya ha tomado notas para una monografía. Para redondear el fracaso, Córdula queda empeñada como prenda en la posada, al no poder pagar Fälbel la minuta. A estas alturas ya hemos descubierto que el rector es, entre otras cosas, un misógino redomado
Completa este volumen de Nórdicalibros la Vida del risueño maestrillo Maria Wutz en Auenthal, una especie de idilio, un valioso texto de excepcional encanto, del que ya nos ocupamos brevemente en una entrada anterior de SaltusAltus (puede leerse pulsando aquí): La amable autobiografía de un maestro alemán de último escalafón, que saca la alegría de vivir, necesaria para enfrentar su vida miserable, de las más insignificantes satisfacciones cotidianas: toda una lección de filosofía. Cierra el volumen un interesante epílogo, escrito por la traductora, Isabel Hernández, donde se analiza con profundidad la figura del escritor y se repasan algunos de sus títulos más significativos: un aperitivo para futuras lecturas.

Debemos congratularnos de que la editorial Abada nos brinde la posibilidad de leer este admirable poema dramático de Lord Byron (1788-1824), Manfredo (1817), en una edición bilingüe tan exquisita y cuidada como la que nos ofrece Enrique López Castellón, que ha vertido el texto inglés en endecasílabos sueltos de gran finura y musicalidad. Una muy documentada introducción y un aparato de notas que figuran al final del volumen complementan su trabajo. Manfredo es una de las grandes figuras del Romanticismo, símbolo del descontento y la rebeldía, inspiradora de literatos, pintores y músicos; de manera singular: Schumann y Tchaikovski.

Al igual que otros muchos relatos breves de Stefan Zweig (1881-1942), Las hermanas (Die gleich-ungleichen Schwestern, 1937) es una pequeña obra maestra que se lee con fruición. Traducida por Berta Vias Mahou para Acantilado, el editor ha considerado oportuno añadirle el subtítulo de «conte drôlatique», aludiendo quizás a los Contes drôlatiques de Balzac, relatos licenciosos de espíritu rabelesiano en que cortesanas y religiosos protagonizan con frecuencia aventuras escandalosas. Es verdad que en el texto de Zweig también se entremezclan procazmente la santidad con el pecado, pero de una manera mucho más compleja. Más allá del evidente tono libertino de la trama, se propone una tesis moral, o al menos una reflexión sobre el carácter complejo y contradictorio del deseo humano, pues «ningún anhelo llena ni colma jamás el dilema masculino, que entre la carne y el espíritu añora siempre el eterno contrario». Este dilema no es, por supuesto, exclusivamente masculino, como dejará bien claro el desarrollo de la historia.
La excelente introducción de Anthony Stephens con que se abre este volumen de Pre-Textos (traducida por Mariano Peyrou) nos sitúa en la altura idónea para disfrutar de una perspectiva perfecta de los textos y poemas que figuran a continuación. Las cartas ya pudimos leerlas hace años en la rigurosa y anotada edición completa del Epistolario español ofrecida por Jaime Ferreiro Alemparte, en Espasa. Ahora podremos disfrutarlas una vez más en una reciente traducción (de Juan Andrés García Román y Manuel Arranz), y acompañadas de todos los poemas y textos escritos por Rilke durante su estancia rondeña, lo que enriquecerá enormemente nuestra lectura. Para mayor gozo, se acompaña esta atractiva edición con un escogido álbum fotográfico de la ciudad.
Quizás desconozca el lector un secreto muy bien guardado hasta la fecha: cuando la luna asoma por el horizonte y recorre plácidamente la azulada bóveda nocturna, no es Diana quien la guía, sino su hermano, el mismísimo dios Apolo. En efecto, terminada su tarea diurna de auriga solar, el dios regresa de nuevo a la tierra para –oculto tras una máscara de plata– regocijarse contemplando los gozos nocturnos de los hombres: sus fiestas y bailes, su música, sus descansos… «Pues, según cuentan, en esas horas los hombres son como los dioses». Esto es, al menos, lo que asegura Eneas, un simpático fabricante de máscaras londinense, actual depositario de la gloriosa e inmemorial tarea de confeccionarle cada año al dios las doce máscaras que precisa. Por ello, cuando Lord George Hell le reclame una máscara con la que ocultar la depravación pintada en su rostro, el eximio fabricante sabrá proporcionarle la más adecuada. Y es que el aristócrata se ha enamorado fulminantemente de una joven e inexperta bailarina del Garble’s, Jenny Mere, una muchacha que tiene la osadía de asegurar que jamás podrá ser «la esposa de alguien cuyo rostro no sea como el de un santo». Desgraciadamente el aristócrata es un crápula de cuidado, jugador y pendenciero, juerguista, cínico y extravagante; y, por si fuera poco, tiene como amante a una celosa bailarina italiana, la Gambogi. Aunque es verdad que las armas de Cupido comienzan a obrar positivamente en su moral desde el primer flechazo (recibido en pleno palco del local donde actúa Jenny, por obra y gracia del Enano Alegre), su rostro deja todavía mucho que desear: es un libro abierto. Por fortuna, la máscara mostrará enseguida sus excelentes cualidades, cumpliendo los deseos del enamorado hasta un punto que sólo cabe calificar de milagroso. Subtitulado por el editor «un cuento de hadas para hombres cansados», El farsante feliz (traducido para Acantilado por Matías Godoy) no sólo tiene el alegre final esperado, sino que cada una de sus pequeñas peripecias se resuelve con la ligereza de un pase de magia, con la facilidad que sólo nos procuran los sueños.

Con este atractivo libro la editorial Abada nos brinda la oportunidad de vagabundear por las calles de la vieja Edimburgo de la mano de uno de sus más destacados hijos, Robert Louis Stevenson (1850-1894). Aunque su precaria salud le aconsejó cambiar los humos y ventoleras de esta desapacible metrópoli del norte («donde los enfermizos mueren pronto») por los cálidos y soleados Mares del Sur, el recuerdo de su ciudad natal permaneció siempre en su recuerdo, y fue escenario de algunas de sus mejores páginas literarias, como Los ladrones de cadáveres, Secuestrado, Catriona, Las desventuras de John Nicholson o St Ives, entre otros.
Del escritor escocés George MacDonald (1824-1905) pudimos leer hace ya muchos años Lilith (Edhasa, 1988), una novela fantástica que me pareció poco convincente. Luego aparecieron -también traducidos a nuestra lengua- otros relatos más breves, como La princesa y los trasgos o La princesa y Curdie, cuentos de hadas publicados en colecciones destinadas a la infancia. Los Cuentos de hadas que ahora nos presenta Atalanta -subtitulados: para todas las edades-, me han reconciliado mucho con este autor, al que es justo reconocer una gran originalidad, interés y calidad literaria. Amigo de Lewis Carroll, George MacDonald escribió a lo largo de su vida muchas novelas y cuentos fantásticos, que influyeron decisivamente en autores tan importantes como C. S. Lewis o Tolkien.
Es tal la fecundidad y bondad narrativa de Antón Chéjov (1860-1904), que no parece difícil reunir un puñado de relatos breves que, sin ser excesivamente conocidos, muestren la sobresaliente calidad artística de su autor. Es por ello que existen tantas y tan buenas recopilaciones y antologías de Chéjov en el mercado editorial español. Esta que nos ofrece ahora la editorial Eneida (traducida por Olga Sokolov) no lo es menos, y tiene el mérito de recoger una muestra bastante variada: cuentos serios y humorísticos, extensos y breves, fantásticos y realistas, conocidos y menos conocidos. Todos muy logrados.
No me resisto a reseñar este agradable librito -aunque sea brevemente-, que recoge uno de los cuentos más deliciosos del gran escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne (1804-1864): El espantapájaros (Feathertop: A Moralized Legend, 1852). La editorial cacereña Periférica nos ofrece en este caso una edición exenta de un relato corto que anda lejos de ser inédito o difícilmente asequible. Es una especie de moda a la que se apuntan actualmente algunas editoriales, en unos casos acompañando los textos de nuevas ilustraciones, en otros extremando lo cuidadoso y exquisito de la edición. No sé si obedece este fenómeno a la crisis, a la intolerable presión de internet, a la falta de ideas entre los editores, o a la confianza ciega en el sibaritismo que padecemos algunos lectores, que nos mueve a releer nuestros textos predilectos en ediciones atractivas. En cualquier caso, El espantapájaros de Periférica es un precioso regalo para cualquier lector, haya leído o no antes a Hawthorne. Incrementa aún más si cabe el interés de esta edición el postfacio escrito por el propio traductor, Juan Sebastián Cárdenas, que reflexiona documentadamente sobre el papel de la alegoría en el arte moderno, en el caso particular de Hawthorne, y especialmente en este mismo relato de Feathertop, donde descubre una alegoría de la vanitas.
La editorial argentina Libros del Zorzal nos ofrece la posibilidad de leer Los dobles (Die Doppeltgänger, 1821), una breve y poco conocida novela de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), construida en torno a la figura del doble, un motivo típicamente romántico y que aparece también en algunos de sus otros relatos (*). Traducida a nuestra lengua por Martín Koval y Marcelo G. Burello, viene acompañada de una breve introducción, densa y bien documentada, escrita por Marcelo G. Burello. Aunque publicada hace un par de años, esta edición de Los dobles conserva todo su interés, que no es otro que el de permitirnos leer un texto de Hoffmann inédito hasta la fecha en castellano. Algo de agradecer entre tanta reedición y repetición de los mismos títulos de siempre. Hoffmann, que carece de una edición de su obra completa en nuestro país, se merece seguramente una mayor diligencia por parte de los editores, una obligada atención a los textos que todavía permanecen inéditos.

